miércoles, 8 de junio de 2016

La cerviz al sol

 

Como las espigadoras de Millet.

Ahora, es verano.

La calle Nueva, la calle Cid, el Puente Nuevo, el Viejo, la calle del Río, La Capitana y Cervantes tienen un momento en el cual es imposible ir a la sombra: porque no hay; exactamente ése momento es mediodía.

Y según los relojes, el mediodía es cada día a una hora distinta: porque la vida no es métrica, ni dimensionable, ni nada es igual, ni existe la uniformidad: cada día tiene su afán, cada tiempo su ritmo, cada estación su avatar, su faena y su rigor: sean las frías témporas de adviento, sea el palio del vigor canicular lo que nos acecha, no hay dos días iguales, no hay dos personas iguales, no hay dos vidas iguales, y nada tiende a la igualdad: los esparajismos matemáticos son abstracciones para comprender la realidad y poder explicarla a los que vienen después, no contienen la realidad, intentan explicarla; la física intenta averiguar, que no definir; los estudios de la naturaleza y la biología, las clasificaciones, rangos, y modelos de sistemas nos sirven para analizar, no son la medida a la que atenerse, sólo son métodos de estudio o de explicación.

Más fácilmente se comprende a los hombres en su medio que en un modelo al cual encajarlos: en esto la sanidad nos está dando la lección: todos somos tratados iguales, y hay una mecánica de actuación (le llaman protocolos a los procedimientos: el protocolo es la forma de tratar y dar prioridad a las autoridades, el procedimiento es la forma de actuar) y en esa mecánica de actuación nos meten a todos en un saco, como a caracoles, como objetos, en una concepción mecánica que quieren llamar científica, pero tan sólo es mecánica, tecnológica, lejos de toda ciencia, lo que aberró a García Lorca

Cieno de números y leyes

Juegos sin arte, sudores sin fruto

(…)

En impúdico reto de ciencia sin raíces

Claro que hablaba de Nueva York, ciudad planificada, que no construida sobre el ritmo de la historia, y en ese caso todo es muy sencillo: se cuadricula, norte, sur, este, oeste, se numera, y adelante: como en Tintín en América: pero cuando Colón llegó a América, Buñol ya existía, y se iba conformando según los criterios del tiempo y la necesidad, con una simbiosis en la cual el medio conformaba y condicionaba a los hombres en la misma medida que los hombres condicionan al medio: nadie mata lo que le da de comer, y ni la caza ni la agricultura per se son sino una expresión de la vida, del avatar, del minotauro en su laberinto al que matan a menudo en las plazas de toros, porque no nacimos anteayer ni en base a una constitución, venimos de Grecia, y vamos a la estación espacial: y en el medio, la actitud adolescente acomplejada ha querido hacer científico todo, planeándolo sobre términos tecnológicos cuando no simplemente mecánicos: al final, se acaba dando prioridad al dinero, y el dinero todo lo ensucia, todo lo mancha, todo lo desperdicia, y ya nadie lo considera un medio, sino un fin en sí mismo.

Si consideramos los puntos cardinales, nunca nada saldrá bien; si añadimos la orografía, vamos mejorando; si estudiamos la historia, quizá empecemos a acertar; si nos atenemos a la Lex Augusta, ya vamos camino del acierto: porque sólo así se ha llegado hasta ahora, en el cual la imposición de la modernidad por decreto conlleva una dicotomía entre las vidas enseñadas, fingidas sobre modelos, imagino que de televisión y películas, sobre un sustrato en el cual, al poco que mires, ves a la castilleja, a la ventera, al haragandul y al holgazángano, al trabajador, a la chismosa y al pueblo hondo y sentido, que no la apariencia de barra y copa de moda, de vidas vividas en pantallas de guionistas ajenos, en una estructura capitalista de relaciones y medidas ajenas a toda condición humana, pero que interesa al poder, a la plutocracia, al dinero, y nos aleja del ser como personas.

Las apariencias y actitudes, son más propias de Beverly Hills, como señala una lectora vascuence, que de mi pueblo; a poco que rasques sale el pueblo real; a poco que emponzoñes, sale la maldad que nos define y condiciona en ésta reholína del tiempo, y en la cual se fundamenta el sistema que nos ahoga y asfixia con exacciones, que no impuestos, y murgas de obligatoria obediencia social, que nada tienen que ver con la vida, ni con nosotros.

Todo lo que están dando de sí los medios de comunicación, las comunicaciones del poder y el magma en que nos movemos se dirige a las partes más indignas de la persona: la envidia, la ira, la rabia, la codicia, la soberbia; y nada a las virtudes, nada a las diferencias reales, nada a la especificidad, de mi pueblo, del tuyo; de mi vida, de la tuya: y si no somos diferentes y todo es mecánicamente tecnológico, que no científico,

Ya no quedarán margaritas de amores deshojados

Lo sufro en Buñol, me temo que hablo de España. Si a cada día inventamos la realidad, siempre hay un futuro nuevo, con religiones de todo a cien a renovar cada semana, y un futuro a cada necesidad del poder, siempre irrevocable, siempre falso y génesis de ansiedades; si nos atenemos a la modernidad, sólo tenemos vanidad y apariencia, y eterno afán del dinero para poder estar en la estructura social; la adolescencia pasa, pero en España ahora estamos en una perpetua adolescencia de la primera generación de la historia que va a dejar a los siguientes menos de lo recibido: los superprogres se han jubilado, y son ancianos sin haber sido jamás adultos: el roto, lo dejan a los demás, y ahora vienen tiempos recios, en los cuales toda confusión, toda vacuidad, jaleada desde el poder y alentada por el magma social sólo nos arrastra a un abismo de miseria y banalidad.

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