martes, 26 de febrero de 2013

Pensar localmente, para influir globalmente

 

Es el concepto de Manuel de Falla cuando se imbrica en el Carmen con García Lorca para organizar el primer concurso de cante jondo; el cante ya había sido estudiado y seguido por el enorme interés antropológico que tiene y por el enorme constructo que se intuye y adivina: Demófilo se casó con una sobrina de Agustín Durán, que tiene la mas grande colección de romances del XIX; dentro del evolucionismo y Spencer, no cejó en el asunto del folclore: debe ser cosa de familia; murió joven, pero con buena obra y buena estirpe: sus hijos Antonio y Manuel Machado se criaron entre los cantes de esa manera.

El concurso de cante que organizaron García Lorca y Falla fue un fracaso, aunque Chacón era el jurado: ganó un niño de 8 años: Manuel Ortega.

Manolo Caracol ganó un concurso con Chacón, García Lorca y Falla en el jurado. A ver quien le tose.

La progrhez de los setenta abomina del flamenco y hacían burlas; sin embargo eran sagrados Machado y García Lorca, la institución Libre de Enseñanza, que nombró cátedro al padre Machado, y siguen en esas: el mundo musical empieza con el dúo dinámico, y eso es la música.

Comprender que en la música y la historia y las personas hay una imbricación real, como la hay ahora en vuestra vida debe ser algo de necesidad de elevada comprensión.

Hasta en la universidad dicen lo de “pensar localmente, actuar globalmente” la frase original es de Falla, cuando se instala en Granada: “Valorar localmente para influir mundialmente” y empieza a estudiar seriamente el cante, con todo el grupo del 27: ahora los intelectuales adoran al 27 porque en su adoratorio tienen totems: los del 27 valoraban lo que yo valoro y en la misma medida y rango: por lo mismo que a mi me llaman facha adoran a los ídolos que les han sido impuestos, y ni siquiera saben porqué: la gente que se proclama atea porque se cree Dios cree en cualquier cosa con fe ciega, y así nos luce el pelo; toda España subsumida en esta progrhez hedionda y nauseabunda, de cultura de sobrecillo de azúcar y necesitada de la algarada para poder sentirse personas, que saben que por sí, nada son.

La secuencia del flamenco se hinca en el ciclo carolingio y yo lo he encontrado en mi pueblo porque es el cante de la tierra, el trabajo y el sudor, no de ídolos prefabricados de mercantilismo comercial del espectáculo sino por el valor de la propia vida en su trabajo y esfuerzo, y de ahí, adelante: por eso lo deploran, tanto ignoran cuanto desprecian, tan alto suben socialmente como ignorantes son, pero el flamenco y el cante ahora, hoy, en España son lo más evolucionado que hay, precisamente por eso porque son la tradición extratemporal, eucrónica y del pueblo español, que trabaja y suda, y no vive en modas subsumidas en su cabeza ni fragor de economías sin sentido. No invalida esto nada de lo que se ha hecho en España en música comercial: en la marea del sonido de los ochenta está el cante, y acabará todo subsumido en un mismo avance, porque sólo avanza lo que por si mismo es tradición.

Y sólo volviendo a la tradición podremos coger aire para poder avanzar, que es lo que nos hace falta, avanzar, y no progrecesar.

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