domingo, 11 de enero de 2009

Profusión de la civilización

 

El hombre lo es a partir del momento en que es social y como tal establece su vida y su organización. La evolución no es tanto la física a partir de ese momento como la cultural; la evolución no se detiene, pero deja su relevancia a la cultura. Que inventa el bifaz y el cuchillo, el ordenador y la paella. El sistema de organización a partir de que el hombre es social será lo que defina la existencia, pervivencia, desarrollo y evolución de la cultura. Que comienza presumiblemente por una serie de simples normas que irán evolucionando y elaborándose en su complejidad hasta llegar a la suma de conocimiento y sabiduría que es el origen de la realidad, ahora.

Comienza a desarrollarse el hombre a partir de ser social, y a partir de ahí se elaboran las normas básicas: la conducta: la forma de relacionarse; y como tal es una parte importante de la función social del hombre. El comportamiento es una característica de la conducta. Pero la transmisión y desarrollo de la conducta necesita maneras de transmisión: el hombre lo es porque habla, y por eso se hace social, y la lengua es un sistema de signos con unas reglas de combinación: esto favorece la comunicación y la transmisión, y por tanto la enseñanza.

Esto son aspectos de patrones culturales, pero no son la cultura, son rasgos distintivos, pero no son la cultura.

La cultura se transmite por precepto a cada nueva generación. Que la recoge, usa, perfecciona, descarta, aporta, y la transmite, y así evoluciona la sociedad.

El sistema nervioso humano, plástico y evolucionado permite ajustar la conducta sin hacer cambios en el organismo. Eso es el raciocinio: memoria para los detalles, y el lenguaje.

La cultura descansa en el mecanismo físico del hombre y de este surge, pero no es algo físico. La cultura existe antes de nacer y pervive después de morir: porteamos cultura y creamos cultura, pero no somos ni tenemos cultura.

Los patrones de conducta establecen la norma de desarrollo social. Como los patrones son seleccionados en su propio uso, se establecen hábitos que conforme a su rigor y universalidad se convierten en normas al transcurso de las generaciones; las desviaciones de la norma conforme más avanza el tiempo más pasan de ser costumbres a ser desviaciones. De este modo conforme los niños van aprendiendo, se va estableciendo un patrón de normas, y las desviaciones acaban por ser sancionadas. No implica esto homogeneidad: en la norma hay variedad, la desviación es castigada, de uno u otro modo.

Debidamente evolucionado, es imposible que ningún individuo pueda manifestar todos los rasgos de su sociedad, ni nadie puede enumerarlos.

La cultura pues es una elaboración de hombres, inteligencia, y tiempo. La configuración de una cultura con normas elaboradas con criterios más amplios o con mayor recorrido asumirá a la cultura que sea de menor recorrido: tal sucedió cuando los moros invadieron España, que tan sólo se romanizaron y continuaron con ese proceso.

Nuestra cultura en el paleolítico empezó a manipular las piedras para hacer instrumentos; de ahí sigue todo un proceso evolutivo; que ahora se sigan haciendo manipulaciones de las piedras para hacer lapidaciones es un buen hito para la comparación de rasgos identitarios y de conducta, que no culturales.

La elaboración, multiplicación, desarrollo y descarte de usos y costumbres ha sido el modo en el que se ha enriquecido y ampliado el proceso cultural; por eso no son procesos de ceremonia tribal lo que nos conforma sino hábitos culturales.

Llegado un momento en la evolución cultural, el conjunto de normas hábitos costumbres y prohibiciones, se van sistematizando y a su vez contando su génesis, y nace la Biblia; se va evolucionando y en un momento de ruptura cultural, aparece el evangelio, el nuevo estado de las cosas, resumido, ampliado, perfeccionado, deshojado, expurgado y con la asunción de los elementos a conservar, eliminación de lo superfluo, y con una novedad: un sistema de cuidado y perpetuación de la cultura, lo cual debería ser la iglesia católica.

Y por difusión, se elabora occidente, que es la cultura, la civilización: no hay culturas o civilizaciones: hay conductas, pero sólo una cultura y una civilización, que origina monstruos como Stalin, pero también el capitalismo y la Madre Teresa. Y a fecha de hoy, es demasiado evidente: la codicia hace que los de las conductas perversas quieran apropiarse de la evolucionada, para por codicia “tener” lo que no pueden “ser” en vez de hacer su propia evolución o asumirse a la civilización.

En eso entra la estrategia de la confusión, de hacer norma de las desviaciones de la conducta que en la evolución de la cultura originaron su descarte dentro del sistema, cuando no su rechazo, generado por la propia evolución de la cultura en fases de debilitamiento e indolencia, decadencia y desdoro: por eso la progrez campa por sus anchas, y el debate social es lo que es, que es de vergüenza.

La religión se configura como el depósito de la cultura y el argumentario y repositorio de la esencia de la cultura y de los patrones de conducta, la esencia del desarrollo, la esencia de la cultura: la explicación de quienes somos (conjunto) y como hemos llegado hasta aquí; la explicación de toda nuestra historia evolutiva como resumen y preceptiva.

El evangelio da la pauta no para lo social sólo, sino también para el individuo en sí mismo; algo que para la soberbia postilustrada debía ser exonerado del proceso cultural, y nació la psicología directamente como fracaso: la condición del ser humano es como parte de una conducta, cultura, civilización y religión transmitida por el lenguaje y no como un ajuste mecánico a las condiciones del entorno inmediato o a las necesidades momentáneas de un determinado stress social, ajuste o condición: el ser humano es en sí mismo, y cada persona lo es en sí mismo, es el proceso de conocimiento: el conocerse a uno mismo, por eso es necesaria la cultura, y se inventó el sistema: escuela, universidad….. para poder llegar a saber uno mismo quien es, lejos de toda afectación y cosmética, ajeno a la presión social momentánea, y es un proceso íntimo, personal, único e intransferible, y desde luego no mecanizable.

En eso, la religión tiene unas pautas, métodos y sistemas para el conocimiento, y además ha desarrollado medios para la prevención de la enfermedad, mediante la transmisión cultural establecida, en el orden de la historia como la especie manda: individuo, familia, municipio.

El desviarse socialmente de la norma, es la forma de la soberbia: podemos salvar la tierra, luego somos dioses. Y el resultado está a la vista; la forma de hacerlo es la confusión, y en ello estamos, en ello vivimos. Y la iglesia católica no es ajena a la ceremonia de la confusión, lo cual ni consuela, ni beneficia, ni es bueno.

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