jueves, 22 de enero de 2009

La realidad especular

La realidad se impone y la repugnante socialdemocracia sigue engañando a la gente que se empeña en seguir engañada; ahora los han convencido de que la crisis es económica, o financiera, y a seguir rajando a la gallina de los huevos de oro vía impuestos, y alentando a los más abyectos palurdos para que den de sí su máxima y refinada expresión de ideología: liberal, facha. Iglesia, opresora y reaccionaria: viva el calentamiento global, viva la ciencia, que para ellos es mistérica: ni saben lo que es, ni donde está, ni de qué se trata, ni tiene que ver nada con el conocimiento pero les han hablado muy bien de ella: muerte al catolicismo, viva la ciencia; mueran los zares, entren los asesinos a mandar que así al menos tendremos más justificado el miedo: hasta nos gustará: el que no quiere ser un esclavo, quiere ser un siervo de la gleba: lo peor de lo peor: esclavos orgullosos de su condición y encantados de serlo. Infraseres.

El sistema, en su tozudez cabestra, ha conseguido el máximo objetivo: su propia perpetuación. Ensimismado, el sistema sólo se contempla a sí mismo como realidad única: lo demás molestamos, molesto. Y como sea, a machacarme. ¿Sólo a mí?

Porque la diferencia no enriquece, sino que les confunde: sólo vale la diferencia como yo lo diga, en lo que yo diga, y como yo lo diga: asuma usted que le vamos a porculizar, tiene derecho a elegir la marca de vaselina.

Por eso en las universidades ante cualquier cosa nueva se oye ¿donde lo has copiado? ¿Lo han hecho antes en otro sitio? si no, no vale: hay que justificarse en otros, aterrados en la posibilidad de verse a si mismos, temen la imagen que les devuelve el espejo y por eso se aherrojan a un lenguaje que los englobe en una tribu de un pretendido prestigio que les permita seguir creyéndose divinos, maravillosos y sabios. Nada vale si no vale en mi lenguaje que solo en el me reconozco y nadie que no sea yo aporta nada porque yo no lo valoro.

Llevamos una buena temporada en este país, en este mundo bajo la acometida de la palabra como arma.

Más que a un plan preconcebido, la degradación del lenguaje forma parte de la historia de la estupidez humana. La cosa empezó con las cursilerías aceptadas y promovidas socialmente, cambiando palabras; se empezó a definir el acto sexual con un afrancesamiento, cuando en castellano la palabra es joder: como dice Hermione en Harry Potter, el miedo a la palabra es el miedo a lo nombrado.

De ahí, como un reguero se impuso lo políticamente correcto, lo cual en sí es una traslación: se usó una expresión con visos de modernidad para darle pátina de verosimilitud a lo cursi, a la justificación de lo cursi como sistema verbal, con lo cual el lenguaje se convirtió en una cursilada.

Pero el poder es la palabra, la palabra es la verdad (y la vida) con lo cual a partir de ahí la realidad empezó a no ser real hasta que no estaba definida con sus palabras adecuadas: un país en el cual lo “tradicional” es el parricidio, el cual, además lo habitual es que lo hiciera la mujer, empieza a tener crímenes de género (siempre pensé en asesinar a un adjetivo) y “atentados a la identidad sexual” es decir: cuanto más enrevesada sea la definición de algo, más validez tiene, aunque sea incomprensible.

Con la “democratización de la universidad” estas prácticas se hicieron habituales, en todo el rango académico, hasta perder su propia razón de ser. Entonces, como siempre la izquierda hizo bandera, se colocó delante de estas modificaciones y las asumió como propias.

En el claustro de la Universidad de Valencia se propuso, y se aceptó por mayoría que la universidad fuera zona no nuclear. Perfecto, y quedó muy bonito y a la vanguardia de la sociedad. Sólo que los departamentos de medicina nuclear y los tratamientos de tumores fueron obviados: al mantenerlos, la universidad entra en paradoja.

Y no es la única.

Pero ese lenguaje se ha impuesto; y con él, lo más bajo y deplorable de nuestra sociedad ha aflorado con rango de ley: a la intromisión se le llama control social, a la envidia se la disfraza de igualdad, a la ira se la disculpa, a la envidia se la justifica, los asesinos son modificados cambiándoles los nombres, poco a poco, lentamente. ¿La estrategia? Sálgame yo con la mía, pese a quien pese, caiga quien caiga.

Y a la cobardía del que quiere estar en misa, repicando y de paso quedar bien con todos se le llama centrismo, relativismo o “moderación”

Alguien olvidó que lo de la moderación es para la bebida.

El bucle se cierra con la “modernización” de la enseñanza: se ha ido bajando el nivel, primero de los alumnos, luego por evolución lógica de los profesores: si no hay esfuerzo y no sabe nadie nada, más brillaré yo.

Si había alguna pretensión de control social por parte de quien maneja esa perversión del lenguaje, se volvió contra él: la gente cada vez más busca en las fuentes, la palabra directa y limpia, para aclarar sus conceptos y saber que pensar. Eso sí, el lío social montado, impresiona. Y en el medio, sin lugar a la tibieza, la gente evoluciona y cada vez más en España se acerca más a la iglesia, no por oposición a nada ni nadie, sino como quien encuentra confort en sus raíces para seguir adelante.

1 comentario:

o s a k a dijo...

has descrito magistralmente cómo se crea y perpetúa un sistema totalitario, y si se compara con nuestra España parece su plantilla

¡qué desgracia!

n a c o
meduelespaña