Mantengo que el profesor que va a morir en Madrid no lo hace por defender a una pilingui que probablemente vale menos de lo que lleva en el bolso: defendía nuestra cultura, educación, tradición honestidad y hombría, valores españoles: nadie nunca quedaba ajeno a una agresión a un débil; nunca eso quedaba impune: la sociedad desarrollaba sus mecanismos de autodefensa.
Me hace ver la Godivaciones que quizá el profesor se metió en una discusión normal, embebido de la propaganda de machaque antihombría que se desarrolla en todos los medios, con especial virulencia en la cope, llamando a todo violencia machista. Quizá el profesor fué un entrometido, que se metió donde no debía y se debió decirle que era un imbécil que no procedía que interfiriera en vidas ajenas.
En todo caso, la manera de decírselo le va a costar la vida. Queda pues exculpado su error; a mi entender, sigue siendo como yo: defendió la honestidad, la hombría, no fué un entrometido sino que intento evitar un abuso. Al coste de la propia vida.
Lo pienso como un héroe, no como una victima ni como un socialdemócrata de mierda.
Pero me planteo la situación: durante un segundo, mucha gente va a dudar sobre su actuación –…..si se entrometió donde no debía…- durante un segundo, podemos pensar que no debió hacerlo.
Lo que debia o no hacer no es cuestión que deba dilucidar yo; la discusión de pareja tampoco es cosa mía. Pero siempre que no hay una verdad oficial: mujer buena maltratada hombre malo, todo lo que se sale del relativismo de lo políticamente correcto, todo lo que acaba siendo “cuestionado” lo es no por argumentación, sino por aumento del grado de confusión.
La confusión, el lío, la maledicencia, el pensar mal y acertarás, el valorar por grado y no por hechos concretos, el condicionar a según quien según que, es la estrategia del diablo: la confusión.
Y no es sólo este caso. Todo lo que da de si la repugnante socialdemocracia es la confusión: no se plantean argumentos ni cuestiones; sino que se abunda en un argumento más o menos prefigurado, por alguien, y eso define la tendencia de voto de la gente: de voto, que no de pensamiento, que en España no piensa tanta gente. Todo es aumentar la confusión, mediante un argumento infalible : “eso, es relativo”
La confusión es la estategia del diablo. Si tenemos cuatro cosas claras, por ahí no estamos confusos, pero si esas cuatro reglas son sistemáticamente cuestionadas, la gente acaba desnortada; dando vueltas en círculos siguiendo los dictados de cualquier religión extranjera de alta infalibilidad, rica en omega tres y bifidus activo que se adecúa a nuestros desmanes como un guante, como todas las sectas. En el momento en el cual se confunde todo se benefician los vividores, la gentuza, los malos; se perjudica a la sociedad en su conjunto, y medran los mediocres y cretinos; se execra a la excelencia y se venera la vulgaridad: de este modo, convirtiendo en Sodoma y Gomorra la realidad, haremos de todo un disparate sin punto de reflexión ni referente válido.
Quizá yo también he sido víctima: veo claro que la confusión y la algarabía se han adueñado de la sociedad, y eso la humanidad lo pagará caro.
