miércoles, 20 de diciembre de 2006

La historia es España

Cuando los alguaciles de la Inquisición detuvieron a Carranza, sabían muy bien todos lo que estaban haciendo.

En aquel momento era el Cardenal primado de España. Y una de las claves había sido del concilio de Trento. De un rigor epistemologico impecable, su acusación era de herejía.

Esa es la clave: es la historia de España.

Perfectamente sabía Valdés, el inquisidor general que lo procesaba, que todo era mentira.

No importa, ni la mentira, ni el desdoro: no se trata jamás de hacer lo que pretende la ley o la norma, se trata de destrozar a alguien con las armas que tenemos a nuestro alcance.

Tras un proceso larguísimo en cárceles de la inquisición, Carranza salió absuelto: eso, realmente no importa, su absolución fué sólo la pataleta de Carranza por no perder todo; lo importante, lo que se hizo fue un clásico español:

Mediante la maledicencia, el cotilleo, y el atribuirle cosas que no son y actitudes inventadas cuando no tergiversando todo, y sólo con esos datos, machacar a una persona.

Mediante una denuncia, un desdoro, se echa encima de alguien todo el aparato del cotilleo y el mal: estaba perdido Carranza, él no lo sabía. Aunque salió absuelto, fue desactivado y apartado del mundo, por los peores enemigos: la envidia.

Con mis propios medios, estos días lo he comprobado: mediante un sencillo experimento, he visto que funciona mejor la maledicencia y el cotilleo que el silencio o el respeto.

Todo lo que vaya contra la fama y honor de una persona, es maledicencia: y eso, no se hace.

No por nada: seguiré siendo aprisionado por la inquisición y me apiolarán cuanto puedan, pero hay una cosa para mí más importante : yo no soy como ellos.

Pero el proceso de Carranza sucede demasiado a menudo en España, nos sucede a todos: juzgamos y somos juzgados por cotilleos, maledicencias, difamaciones  y maldades; nada importa la verdad, ni el daño hecho: sólo importa el cotilleo, el maldecir el hablar mal y el hacer daño.

Y aunque luego te desdijeras, el daño está hecho y es inexorable: la inquisición pervive como forma antropométrica de medida social: vale lo que digan de ti, no tu obra; vale la maledicencia, vale el malhechor y no la persona. Y asi va España hoy.

4 comentarios:

Chema dijo...

Feliz beta, Ignacio.

¿Sabes una cosa? El Safari ya no me muestra tu blog lleno de tildes y signos ortográficos raros.
Es que antes era como leer un bocadillo de insultos de Mortadelo y Filemón.

Ignacio dijo...

Ahor ame salen a mi en pantalla. Los acentos y el html no se acaban de cuajar

Anónimo dijo...

meta content='text/html; charset=UTF-8

Tienes que utilizar en el navegador esta codificación de caracteres (UTF-8), porque posiblemente estás usando la 8859-1 o la 1252.

Ignacio dijo...

gracias