domingo, 24 de abril de 2011

Contrainvocación

Se confunde el deseo con la realidad; lejos de ser una patología, está considerado como el apotegma del bienestar y lo más de la corrección política. Si la realidad no se adecúa a mi deseo, la realidad está equivocada: y se crecen, vaya: está ahora llena la red de gente deplorando que se haya prohibido la llamada “procesión atea” porque “hay mucho fascista” lo cual da mucha pena: no sólo no tienen criterio ni opinión, sino que obedecen las consignas de una manera vil, más que vil, siniestra: son ejércitos de Orcos.
a la orden del señor de Mordor, sea cual sea el que les mande: y encima dan lecciones, esa es la clave: la soberbia, como actitud ensalzada; la izquierda se creen que saben más que nadie, sin siquiera haberse molestado en estudiar; pero al otro lado, no hay nada: si hay alguien de derechas en España se esconde muy bien, y disimula mucho; el anticatolicismo es la bandera que todo lo ampara, y en vez de servir de denuncia de la inepcia, la idiocia y el retraso mental, es jaleado por el poder: por el pp también; por la jerarquía católica, también. Al grito de “hay que evangelizar” o algo así, no creo que se consideren creyentes, ni apóstoles, sino directamente son la mano derecha de Dios, sus hombres de confianza o incluso los confesores de Dios, porque madre mía vaya soberbia, vaya cúmulo de ignorancia: y los pillas en renuncios, con el catecismo, y claro, ningunean diciendo “lo típico de un anarquista” no, mire: lo que usted dice de votar al pp, según el catolicismo es pecado mortal, ahora haga como que me desprecia, y siga diciendo cual es la voluntad de Dios: todos sabemos que tu eres el poseedor de la palabra, aunque apenas sepas hablar. U otra, que pillada en falta grave, de decoro, consistencia, educación y respeto, aun me quería evangelizar: coño, cállate que no sólo te han pillado haciendo el imbécil, lo has demostrado y persistes; es que encima quieres enseñarme a mi la verdad y el camino ¿no ves que acabo de ponerte en ridículo? pues cállate, se humilde y asume que no estás en posesión de la verdad, como todas las sectas que ahora toman al catolicismo, como la progrez, que todos saben “la” verdad de todas las cosas, y dan lecciones sin haber estudiado.
Uno de los grandes intelectuales europeos de moda en la prepostmodernidad definió la contrainvocación: cuando dicen “me cago en Dios” realmente, lo que están haciendo es rezar, pero al revés, es decir: es una forma de creer, profundamente, y no acomodarse; aquel los definió como esencialmente más católicos que los que van a misa.
La clave de todo está en la humildad, y desde luego, antes de hablar haber fatigado los textos, y al menos saber de lo que se habla: un candidato a la alcaldía de Valencia, hace treinta años, en un bar de la avenida de Aragón, yendo ligeramente alicatados, me intentó convencer de que el latín era un idioma fascista “porque se estudiaba con Franco” testigos hay; aunque entonces de aquella mesa nadie tenía ni el bachiller, todos eran ya cargos; ahora son todos ricos, creo que además a este le han regalado un título de la universidad “porque yo lo valgo” palo al agua ni han pegado ni tienen intención, pero faltarles, no les falta: eso es el epítome de esta época: tempora habemus difficilia.

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