domingo, 6 de febrero de 2011

En el rigor de la noche, borracho torció por el callejón

Resistiéndome a escribirlo desde que lo supe, María Schneider me suscita una compasión infinita: que Dios la ampare. Como tantas otras en mi vida, llegué a la película tras la la banda sonora: impecable la banda sonora, efímera la película, espuma de cerveza.

Que el cielo te sea propicio, María Schneider. y gracias.

Cada noche en una ciudad nueva (y ya quedan pocas) suena Barbieri; suena, insistentemente cuando cruzo la Josephsplatz; suena atronador cuando cruzo ante la catedral de Milán. Sonaba suave en la plaza roja; Hay vidas con bandas sonoras y la mía, las tiene: esta es una. Gato Barbieri en el Qartier latin.

3 comentarios:

ZP Nunca Mais dijo...

Barbieri suena muy bien de noche, pero a estas horas de la mañana no desmerece lo más mínimo.
Impresionante.
Saludos

eNe dijo...

- Si la música es el alimento del amor ¡qué siga sonando!

(El Último tango en Paris)

Pd. Su publicación me ha hecho disfrutar de mi taza de café, Sr. de la Galaxia.
Se agradece.

Ignacio dijo...

Para eso estoy.