Se trata del anunciado comienzo del inevitable final de algo cuyo principio veníamos venir hace dos años: Avalar las deudas de un sistema financiero quebrado nos llevaba automáticamente hasta la quiebra del Estado y, muy posiblemente, hasta el corralito financiero. Y, desde luego, una muestra más de que las elecciones generales se adelantaron precisamente porque la capacidad de endeudamiento del Estado había llegado a su fin y la posibilidad de intervención de la UE y del FMI es palpable y casi diríamos que segura.
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