Páginas

martes, 10 de agosto de 2010

Del diario de la Camarada Seminova

Fue realmente mi tatarabuela la que contactó en la tundra con el camarada Uguin. Por aquel entonces, había llegado a la aldea un petimetre con perilla de la aristocracia, contando tonterías: en una de esas reuniones fue donde Uguin estableció el contacto: en aquel pajar helado de la aldea aquel contaba cuentos: no sabíamos si vendía crecepelo aunque era calvo, o eso de la liberación del proletariado era algo de comer; pero allí íbamos, era la única atracción.

Uguin un día se acercó.

Le dijo “Ochi Chernyie” y ahí empezó todo: fue entonces cuando decidieron ir con el petimetre y empujarle a tomar el palacio de invierno y cosas de esas; alegría revolucionaria de juventud, que con el paso del tiempo convirtieron a la sirvienta de los señoritos zaristas en la camarada presidenta del koljós “Noches del ártico” y al pobre buhonero, que igual ejercía de cazador como de presa para los zaristas, en el camarada Uguin, el único en la historia cuyas dignidades revolucionarias igualan a las del mismo Stalin. Por quintuplicado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Dime algo interesante, no me aburras.