"los nuestros" - los ciudadanos democráticos comme il faut, los abertzales, los arios, los del partido, la vanguardia del proletariado- son, propiamente, los únicos sujetos de relaciones morales. Los demás, como cualquier otro ser no humano, sólo plantean problemas de tipo técnico. Un ceraste menos. Un terrorista menos.
Y las aterradoras utopías que levantó ese orden de lo no-humano muestran en la siniestra figura de Aguirresarobe a uno de sus epígonos degenerados, pero fiel cumplidor de lo esencial de las mismas.
Y hay que reconocer que el Sr. Espada ha sintetizado de modo inmejorable el corazón de dichas utopías - frente a las cuales el rito de las urnas es sólo coartada - y su cortejo inevitable de crimen y "deshumanización", al cifrar la detención de Aguirresarobe en una cuestión técnica, no moral, donde no caben relaciones personales, y donde los criminales no son hombres, sino alimañas.
Pues no, Sr. Espada. Aguirresarobe no es una alimaña, ni Ud. y yo somos unos chakurras.
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