Con orgullo revolucionario he vestido las ropas del proletariado oprimido de Stalinamérica y me he sumado a las huestes revolucionarias que van a penetrar en el nido del enemigo para que la imparable revolución sea eficaz: cuando quieran darse cuenta, seremos más los quintacolumnistas dentro del corazón del capitalismo que ellos, y fácilmente les derrotaremos. Con que alegría revolucionaria escuchan los camaradas proletarios mis insinuaciones sobre la calidad de la revolución y las bondades del socialismo inevitable y el asombro se dibuja en sus caras mientras escuchan lo que puede ser siempre su futuro; mientras escuchan unos, los amigos intentan robarme el bolso. Mientras tanto, sigo avanzando insertada entre el proletariado oprimido antifascista hacia Río Grande.
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