Con Macbeth en los claustros maternos:
¡Maldita sea la lengua que me lo cuenta,
pues ha achicado lo mejor de mi hombría!
Que nadie vuelva a creer en demonios enredadores
que nos embrollan con dobles sentidos;
que hacen promesas a nuestros oídos
y las rompen burlando nuestra esperanza.
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