Cuando con quince años te sientes emocionado con poesias de otros y las haces propias, eres normal. Si lo haces con cuarenta, no. Si justificas la apropiación de obras ajenas a tu nombre, eres un copión o eres un cursi. En cualquiera de esos casos, manifiestas la admiración profunda y la más supina envidia a la obra de otro: te liberas de la envidia y maduras. Si no, no.
D. Millán nos descubre la verdadera historia de la literatura Española: Cervantes era catalán.
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