El término de los ocho años que el obispo católico Han Dingxiang llevaba en prisión ha llegado con su muerte, prácticamente en soledad, el pasado 9 de septiembre.
Con excepción de algunos parientes muy cercanos que fueron llamados de repente por las autoridades junto a la cama del obispo antes de que muriera, ningún de sus sacerdotes u otros fieles sabían de la gravedad de su estado ni de ninguna causa que fuera a provocar su muerte; tampoco conocían que estuviera en el hospital, muriéndose.
Bueno no pasa nada: era un católico.
Y esto ni siquiera impedirá que se hagan allí las Olimpiadas. Eso sí, ¡los nazis sí que eran malos, no como los comunistas!
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